Con dificultad trepó
por la ladera del cerro, sus brazos tiritaban de cansancio, estaba exhausto, le dolía absolutamente todo el cuerpo, jadeaba como un
toro, pero lo había conseguido , había logrado
llegar a la cima. Por fin podía ver con sus propios ojos lo que miles de veces había
escuchado en boca de los viejos del pueblo, ahí estaban los restos del avión,
era verdad, se podían distinguir los restos
de las alas dobles del biplano Sánchez-Besa.
Se sentó en una piedra y pensó por
fin te encontré Alejandro.
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